sábado, 24 de enero de 2009

LA MOCHILA. EL ANCIANO Y LA VIDA



Me siento tranquilo.
La brisa del mar viste mi cuerpo.
El sol me rodea con su calor.
Piedras mojadas por el agua salada me hacen compañía.
Atrás de mí… ese camino que me condujo a este lugar tan apartado del mundo pero tan lleno de vida.
Enfrente… olas majestuosas susurrándome al oído.
Que momento tan único y especial.
Sin apenas fuerzas y sentado en la arena… sólo me quedan ganas de descansar por el largo recorrido.
A mi lado, una mochila descolorida, rota por el paso del tiempo.
Mochila llena de historia, testigo fiel, compañera de viaje por senderos de vida.
Esa…que intenta anclarme al sitio por el peso recibido.
Un cangrejo se detiene ante mí. No me presta atención, mira, excava y se vá marcha atrás.
Se alarga el momento.
Parece detenerse el tiempo.
De pronto, sin saber de donde, un anciano andrajoso se va acercando lentamente como alma en pena.
Siento como sus pies lentos y pesados van surcando la arena a su paso.
Pelo alborotado. Barba amarillenta y descuidada.
Cara y cuerpo deteriorado por los años transcurridos.
Manos curtidas por avatares de la vida.
Como único compañero… un saco raído pesado y viejo.
Llega a mi vera y sin cruzar palabra se sienta a mi lado.
Sus ojos profundos y cansados, se clavan en los míos.
Nuestros pensamientos se abrazan entre si.
Intenso silencio, mágico momento que se rompe al vaciar el saco.
Contenido que me sobresalta, por ser el mismo de mi propia mochila.
Noto como si quisiera preguntarme porqué llevo lo mismo que él.
Intento recordar los motivos que me hicieron guardar cada cosa.
Después de un momento de reflexión, le explico:
Guardé el sol por necesitar su calor.
El mar para calmar mi sed.
La roca por su dureza.
La noche por su silencio.
El día por su hermosura.
El árbol para que me dé sombra.
La huerta para saciar mi hambre.
La ira para cuidarme de mis enemigos.
El amor para compartirlo con mis amigos.
Noto que me manda callar y con gran ternura me susurra al oído:
Si no cambias terminarás como yo.
No podrás avanzar por el tiempo por la carga recogida.
No te empeñes en cargar con la vida.
Simplemente intenta vivir y disfrutar de ella.
Me levanté abandonando a esa compañera mía que guarda tal cantidad de vida.
Y al mirar para atrás no vi ni anciano, ni saco, ni mochila… sólo noté el recuerdo de mi propia visita.



....Carlos Ortiz V....